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Había una vez...

En un lugar no tan lejano, había un grupo de niños y niñas. Uno tenía dificultades para moverse sin ayuda. Otro, no había desarrollado un lenguaje básico, pese a ser algo mayor. Otra, sólo se comunicaba con las manos. 

Todos ellos asistieron a un centro de ocio infantil para pasarlo en grande. Pero el primero no puedo acceder a la piscina de bolas porque nadie le ayuda en los desplazamientos. El segundo, aunque se movía libremente, en cuanto necesito ayuda para bajar, no pudo pedirlo y se quedó ahí sentado esperando a que alguien se percatara que necesitaba ayuda. La tercera, preguntaba si podían darle un vaso de agua, pero nadie la entendía.

El final lo puede elegir tú…

– ¿Nadie hace nada y éstos niños no podrán jugar como sus compañeros? 

– ¿O nos ponemos manos a la obra y ayudamos a estos peques a pasarlo en grande?

Creo que la opción es clara, ¿verdad? 

A día de hoy, muchos niños y niñas con algún tipo de discapacidad no pueden acceder tan fácilmente a centros lúdicos, parques, espectáculos …  Barreras arquitectónicas, comunicativas y cognitivas. Pero si tomamos conciencia sobre esto y fomentamos un ocio accesible y adaptado, todos los niños y niñas podrán jugar juntos, y nuestro cuento sí tendrá un final feliz.